Venezuela llegó a producir casi 3,8 millones de barriles diarios en 1970. Ese récord histórico marcó el cenit de una industria que transformó al país y sigue siendo la referencia de lo que Venezuela puede lograr con el talento correcto.
La respuesta es precisa: 1970. Ese año, Venezuela alcanzó su pico histórico de producción con aproximadamente 3,7 a 3,8 millones de barriles diarios, convirtiéndose en uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo y el principal proveedor de crudo para los Estados Unidos.
El contexto del auge
Para entender ese récord es necesario retroceder a las décadas previas. Desde el descubrimiento del Zumaque 1 en 1914, la producción venezolana creció de forma sostenida durante más de medio siglo. Las concesiones otorgadas a compañías como Shell, Creole (filial de Exxon) y Mene Grande permitieron un desarrollo acelerado de los campos del Zulia, Anzoátegui y Monagas.
La década de 1960 fue especialmente productiva. Venezuela fue uno de los países fundadores de la OPEP en 1960, lo que reflejaba ya su peso en el mercado global de hidrocarburos. La inversión extranjera fluía con regularidad y el tejido técnico del sector —formado por miles de ingenieros, geólogos y técnicos venezolanos— alcanzó su máxima expresión.
El pico y lo que vino después
En 1970, la producción venezolana tocó su punto más alto. A partir de allí comenzó una curva descendente, acelerada por el proceso de nacionalización de la industria, que culminó con la creación de PDVSA en 1976, y los ajustes de cuotas de la OPEP.
La nacionalización también representó un hito de orgullo nacional. Venezuela tomó control de su principal recurso y, por un tiempo, logró mantener niveles de producción respetables. En la década de 1990, PDVSA llegó a producir más de 3 millones de barriles diarios nuevamente, bajo una estrategia de apertura petrolera.
La caída y la esperanza de recuperación
Las dos primeras décadas del siglo XXI estuvieron marcadas por una caída sostenida. La producción llegó a colapsar por debajo de 400.000 barriles diarios en 2020, el nivel más bajo en casi un siglo. Las causas fueron múltiples: desinversión, fuga de talento, sanciones internacionales y deterioro de la infraestructura.
Hoy, con producción nuevamente por encima de 800.000 barriles diarios y una tendencia ascendente, el sector mira hacia aquel récord de 1970 no como una nostalgia inalcanzable, sino como una evidencia de lo que Venezuela es capaz de producir. Volver a ese nivel es el horizonte que traza la nueva era de la industria petrolera venezolana.